Reflexiones sobre literatura infantil (Parte III)

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Por Enid Vian

Partiendo de que el niño y el joven
están en formación, es preciso ser intérprete y contrapartida de la vida real,
dar enfoques acertados y agudos; a la vez, eliminar el didactismo barato, los
dogmas, la inflexibilidad  tiránica ante
las cosas, y la tendencia al prejuicio de las mentes  poco elevadas,  sin la más mínima concesión  estética o 
literaria.

Por otra parte,  la literatura aburrida o artificiosa, no es
útil,  porque no se lee, y si se lee por
obligación escolar, lejos de  disfrutarla,
se sufre. La  literatura poco creativa,
poco inteligente,  pacata y  sin elaboración,  no es literatura para nadie, mucho menos para
los niños. A mayor diversidad, y a mayor calidad y penetración en la vida, la
psicología y la esencia de las cosas, más riqueza y más contribución al
desarrollo humano e intelectual de los niños y jóvenes.

Un ensayista acumula conocimientos
sobre un tema,  una serie de datos que
estudia con minuciosidad, bibliografías, opiniones de otros autores, su propia
experiencia sobre el tema, una serie de intuiciones y opiniones propias y
configura sus tesis; un gran novelista desarrolla una posición estética propia
y arma su obra, crea sus mundos –a veces de una gran complejidad estructural
y  lingüística–,   sin tener en cuenta un lector preciso, una
edad humana  frágil, un momento de la
vida del ser humano en la que se conforma la personalidad, los hábitos y el
apego a una conducta social, que contribuirá al contenido de una futura
actuación.

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La literatura infantil cubana

Un escritor para niños no tiene  la máxima 
libertad, ni de tesis ni de forma; porque ante todo, hay que pensar en
todos los requisitos enunciados antes  y
en muchos más.  Y no por condescendencia
o por generosidad debemos considerar la literatura para niños y jóvenes al menos  con igual rango que la literatura escrita
para adultos, sino por el convencimiento de su valor  estético-literario y por ser una
modalidad  que exige más cuidado,
sensibilidad y conocimientos.

En Cuba la literatura para niños y
jóvenes se ha desarrollado notablemente. Se lee a José Martí, nuestro escritor
cumbre, creador de una revista imperecedera. 
Pero también,  hay escritores
actuales  muy destacados   –tanto poetas como narradores– con mucho
talento, que abordan en su obra temas de Cuba y el  mundo en la posmodernidad.

Conviven en este empeño autores de
todas las generaciones. Podría ser, la enumeración de todos, un comentario de
varias páginas. Algunos han alcanzado universalidad y son leídos más allá de
nuestras fronteras, pero es preciso no desnaturalizar la modalidad, es preciso
juzgar en los concursos con honestidad, conocimientos y experiencia en esta
especialidad.  Es preciso  respeto y transparencia para lo que hacemos.
No se puede formar un buen  lector,
ofreciéndole esteriotipos, lugares comunes, 
falta de creatividad, facilismos, subestimación por lo que hacemos.

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La creatividad en la literatura
infantil

Tampoco debemos ver la niñez mirando
de reojo a nuestro pasado infantil. El niño de hoy tiene mayor, mejor y más
rápido acceso a información de todo tipo y 
está más  con los pies en la
tierra que un niño promedio hace 40 o 50 años, aunque guste –y esto no es
paradójico—de echar a volar su imaginación. Los temas “escabrosos”, en mi
opinión, pueden y deben tocarse, pero hay que tocarlos a partir de una
sensibilidad y un dominio literario cierto.

Como se ha dicho muchas veces, la
literatura para niños –la verdadera, la que sobrevive– tiene los rasgos de
audacia, originalidad, creatividad e ingenio, que atesora la literatura
dirigida a los adultos, la cual reverencio, ejerzo y disfruto; pero tiene una
ventaja, está despojada de artificios y se da el lujo de ser a menudo –algo que
a veces nos falta ya–: poética, ingeniosa y tierna.


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