la lotería del premio nobel

La lotería del Premio Nobel: ¿es difícil de ganar?

¿Alguna vez has pensado en ganar el Premio Nobel? Un premio es recompensa a méritos, servicios, cualidades y resultados; lleva implícito un valor y generalmente se acompaña con incentivos en metálico o alguna forma de beneficio, además del socorrido diploma. Obtenerlo o no siempre está asociado a una dosis de suerte porque hay competencia, concurso, se escoge entre varios, y ello implica complejidad, intención y otras cuestiones que a veces no parecen evidentes.

El origen del famoso Premio Nobel

El Premio Nobel, uno de los más famosos, nació del testamento de Alfred Nobel, químico e ingeniero sueco, inventor y fabricante de armas que registró 355 patentes a su nombre y al morir dejó una gran fortuna. Ningún premio puede declararse exento de influencias y hasta de manipulaciones, a pesar de los posibles esfuerzos de sus organizadores para evitarlo, menos el Nobel, con su prestigio —y su dotación actual, de más de un millón de dólares. Algunos lo mencionan cuando resulta conveniente y lo desconocen cuando no, y en ocasiones sus otorgamientos han sido obviamente incoherentes o parcializados, o han ignorado a figuras de extraordinaria trayectoria.

El propósito del Premio Nobel

La intención del Premio Nobel ha sido reconocer a personas e instituciones que han realizado investigaciones y descubrimientos excepcionales, o han aportado contribuciones notables a la humanidad en el año anterior al otorgamiento.

Se instituyó en 1895 y comenzaron a entregarse en 1901 en las categorías de Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura y Paz; a partir de 1968 se estableció el de Ciencias Económicas. La Real Academia de las Ciencias de Suecia nombra a los ganadores en Física, Química y Ciencias Económicas; la Asamblea del Nobel del Instituto Karolinska otorga el de Medicina o Fisiología, y la Academia Sueca elige al de Literatura; todos se entregan en ceremonia celebrada cada año el 10 de diciembre en Estocolmo, Suecia. El de la Paz, por voluntad de Alfred Nobel, es elegido por un Comité Noruego del Nobel y se entrega en Oslo. Los premios consisten en una medalla de oro, un diploma y una retribución monetaria.

El proceso de selección de los candidatos

Según ha declarado la Fundación Nobel, esta se encarga solamente de la promoción internacional y la administración, pero no se involucra en el proceso de selección de los candidatos, pues actúa como una sociedad de inversiones a partir de la base de financiación para los premios; desde 1946 no paga impuestos y desde los años 80 ha generado beneficios cuantiosos. Existen Comités del Nobel que reúnen las nominaciones.

En el caso de la Literatura, la Academia Sueca, compuesta por 18 miembros y que funciona de manera similar a la francesa, elige el Premio; su divisa es “Talento y gusto”, y para dar su veredicto se reúne en el edificio de Börshuset, en la vieja Estocolmo, cada octubre: quien reciba más de la mitad de los votos totales será el nuevo Premio Nobel de Literatura.

El rigor de la elección

Representantes de diferentes academias y sociedades literarias, prestigiosos profesores de literatura e idiomas, presidentes de organizaciones de escritores, todos aprobados por la Academia Sueca, así como laureados anteriormente con el Nobel de Literatura, están autorizados a proponer, aunque no se admiten autodenominaciones.

A pesar de este rigor, no siempre la Academia Sueca ha elegido las mejores opciones, ni todos los candidatos han sido los más importantes escritores de esos momentos. Hay muchísimos ejemplos. Unos 40 escritores protestaron por la entrega del primer Nobel de Literatura al poeta francés Sully Prudhomme (1901), pues esperaban que fuera Leon Tolstoi, quien nunca lo recibió.

¿Una posibilidad remota?

Ganarse el Premio Nobel de Literatura no solo es difícil, sino azaroso, y para los no europeos ni norteamericanos la posibilidad es bastante remota —entre ambos subgrupos suman 98 galardonados, de 119 entregados. La primera de 13 mujeres fue precisamente una sueca, Selma Lagerlöf (1909), y el primer no europeo, el hindú Rabindranath Tagore (1913).

América Latina hubo de esperar a 1945, con la chilena Gabriela Mistral, y nunca lo obtuvieron pilares de nuestras letras como César Vallejo, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, José Lezama Lima, Julio Cortázar, Carlos Fuentes o Jorge Luis Borges —nos quedamos con la curiosidad de saber si el argentino lo rechazaba—, ni tampoco paradigmas europeos como Henrik Ibsen, Marcel Proust, Franz Kafka o James Joyce. Luego de Tagore, Asia vino a tener otro Nobel en 1968, con el japonés Yasunari Kawabata, y el primer africano fue el nigeriano Wole Soyinka (1986).

Una mezcla de ‘’causas y azares’’

Hay premios que rápidamente cayeron en “las oscuras manos del olvido”, mientras otros han pasado la prueba del tiempo, y algunos han sido muy cuestionados, como los del político Winston Churchill (1935) y el cantautor Bob Dylan (2016). Posiblemente ningún creador verdadero escriba para ganarse un Nobel u otro premio; tal vez muchos nunca hayan pensado en esa posibilidad, pero solo dos lo rechazaron: Boris Pasternak (1958) y Jean Paul-Sartre (1964). Por la mezcla de “causas y azares”, creo que es como sacarse la lotería con medio billete…    

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