Reflexiones sobre poesía (Parte I)

José Emilio Hernández Sánchez

Leer poesía es un estimulante viaje hacia el más pleno
crecimiento humano.

La poesía podría definirse como un género
confidencial, que arraiga en la profundización del yo, pero nunca aislado de la
realidad circundante. La poesía absorbe ese mundo y lo expresa transformado por
la subjetividad del poeta en revelación íntima. Predomina en ella la articulación
rítmico-melódica, con el verso como forma de expresión lingüística fundamental
y también la prosa poética que contiene rasgos rítmicos marcados. Al tener un
carácter subjetivo, la poesía presenta rasgos estilísticos altamente
individualizadores, que definen una original arquitectura en la que pueden
conjugarse diversos tipos de metro y rima, así como cultivo tanto del verso
tradicional como el libre, distintos ritmos de intensidad, variadas estrofas y
composiciones poéticas, fecundos cruzamientos entre figuras de adición,
detracción y construcción, uso de tropos y figuras de significación, variada
formas de elección léxica, cuidada estructuración sintáctica y procedimientos
compositivos con especial enlace entre los paralelismos antitéticos y analógicos,
las gradaciones y las alternancias y revitalización conceptual de las palabras
que descorren nuevos indicios de la realidad.

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El cuidado de
los recursos expresivos en la poesía

La poesía tiene como núcleo la imagen artística,
entendida como “cuadro concreto e integral de un fenómeno vital y a la vez una
generalización de la vida, creado mediante una ficción que posee significado
estético”. La imagen poética no debe ser confundida con recursos
expresivos como la metáfora; porque se le restringe a una simple expresión
traslaticia. Los tropos constituyen medios de representación del sistema de
imágenes artísticas y no la imagen misma, hay una anécdota famosa que evade
tajantemente la idea de la poesía como artificio o mero adorno de recursos
expresivos:

León Tolstoi fue invitado por un director de escuela a visitar las
clases de composición literaria y como tema propuso a los niños: “El
mar”. Cuando terminaron, el director les invitó a leerlas. Orgullosos
decían: “Las juguetonas y espumosas olas”, “la anchura
insondable del mar que invitaba a la meditación” y frases similares. El
director no podía contener su gozo, hasta que una de las niñas leyó: “El
mar es grande”. Y Tolstoi dijo: “Entre todas estas máquinas de
recitar, esta niña ha sido la única que ha captado la verdadera esencia del
mar”.

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El significado de poesía para los poetas

Interesante resulta repasar con brevedad algunos
criterios de los propios poetas sobre la poesía. Así nos laten cercanas las
conocidas rimas de Gustavo Adolfo Bécquer:

                       RIMA IV

 No digáis que
agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira:

Podrá no haber poetas; pero siempre        

                   
habrá poesía.

 

                     
RIMA XXI

—¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas

 en mi pupila tu
pupila azul,

¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?

        
Poesía… eres tú.

Para Clodia, aquella musa del poeta latino Catulo que
le inspiró versos como: «Con nadie más que conmigo dice mi amada que se
uniría, / ni aunque Júpiter mismo se lo pidiera. / Eso dice: pero lo que dice
la mujer enamorada a un amante / conviene escribirlo en el viento y en el agua
rápida»,  la poesía no era otra cosa
que un gema de distorsión. Por el contrario, Dulce María Loynaz consideraba que
había que creer en la poesía aunque no se creyera en los poetas. Antonio
Machado entendía que la poesía es la expresión de lo humano cardinal; mientras
que Federico García Lorca la intuía como una palabra a tiempo. Para José Martí
es el lenguaje de lo subjetivo permanente y en su poema «Hierro» subrayaba la
capacidad del verso como «comercio dulce», revitalizador del espíritu. Sentidos
análogos le concedía Alejandra Pizarnik en su poema «Salvación». Eliseo Diego
razonaba la poesía como el acto de atender en toda su pureza, asimismo José
Lezama Lima la definió metafóricamente como un caracol nocturno en un
rectángulo de agua. Para el poeta cubano Roberto Manzano «cada adarme de poesía
se obtiene después de moler toneladas de realidad, acrisoladas en el horno
febril de una psiquis sumamente concentrada». La labor poética deviene así en
un complejo proceso indiviso de lo objetivo y lo subjetivo, de lo material y lo
ideal, de lo físico y lo lírico.

Evidentemente cada forma de pensar la poesía crea una
red entre predecesores y sucesores. El presente modifica las representaciones
del pasado y el hoy torna contemporánea la labor del ayer. Una perspectiva
actual sobre la poesía estará siempre enmarcada en la corriente viva de la
tradición.

                                           

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