Reflexiones sobre poesía (Parte II)


José Emilio Hernández Sánchez

La percepción del poeta implica una visión sobre el
mundo, por eso la poesía tiene la facultad de favorecer en muchas ocasiones una
tensión entre un saber establecido sobre el mundo y una percepción diferente de
esa realidad que nos la devuelve enriquecida con nuevas significaciones;
apréciese cómo la escritora cubana Fina García Marruz define el cine mudo:

No es que le falte el sonido

es que tiene

el silencio.

La autora ofrece una nueva visión del cine silente que
cuestiona la imagen del silencio como limitación y propone una nueva
perspectiva que rescata o redefine el silencio del cine mudo como un valor que
apertura la imaginación.

La poesía, como el resto de los géneros literarios, se proyecta de forma omnitemporal y omniespacial,
quiere decir que el escritor partiendo de un contexto cultural, histórico y
social determinado, intenta influir con su obra en la mente y en el corazón de
los hombres de cualquier tiempo y espacio; esta proyección para todo tiempo
(omnitemporal) y todo espacio (omniespacial) se concreta mediante lecturas en
diferentes tiempos y espacios histórica y culturalmente determinados. Al interpretar la poesía todo ser humano entra en
relación de co-pertenencia con otras coordenadas espacio-temporales reflejadas
por la obra. Es por tanto una relación cerrada y abierta, limitada e igualmente
dinámica, donde el hombre enriquece su “emplazamiento” humano. Ello nos conduce
a una interrogante: ¿Podemos decir que el estudio de la poesía estimula la
formación de un sujeto cognoscente? Sí, evidentemente, pues se basa en un
sistema de convicciones que permite al lector
defender su posibilidad a reflexionar, crear y a dialogar.

Características
fundamentales de la poesía

En síntesis, la poesía:

-Se arraiga en
la expresión emocional, tiene una alta carga emotiva.

-Posee en
general un reducido volumen en comparación con la narrativa, el teatro y el
ensayo.

-Es ajena al
orden causal-cronológico, propio de la épica y del drama.

-La vivencia
que plasma el poeta refleja la realidad a través de su mundo espiritual, en
reacción frente a diversos aspectos de la vida, por ello puede establecer una
relación directa con la realidad, o vincularse a ella por medio de refracciones
oblicuas y desplazamientos que crean visiones y mundos poéticos personales.

-La vivencia
que refleja es una proyección de horizontes personales, que cada vez que se
leen se funden con los horizontes vivenciales, íntimos del lector.

-Es
monológica, habla el sujeto lírico.

-Carece de
acción desplegada.

-Predominan la
descripción y la reflexión como formas estilísticas.

-Se
caracteriza por la generalización y el simbolismo.

-Es  inseparable de la personalidad del poeta.

-Le es propia
la individualización como ideal estético.

-Posee una
rica expresión lingüística de alta estilización.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.