La casa de Bernarda Alba. El legado de Federico García Lorca a la literatura

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Por Enrique Pérez Díaz
La luna, luna, lunera, pálida y fría, con rostro de virgen loca, invade la noche oscura de una España entre tinieblas. Adela cruza los cercos, rompe valladares y devora, con su pasión sin freno, al amor más imposible, al prometido de su hermana Angustias. Hay miedo y muerte. Hay dolor y pasión. Hay envidia y maldad en una familia que a sí misma se destruye. Pepe el Romano es la puerta, atisbo de libertad. Bernarda y Poncia, la cárcel. Cada hermana sufre y sueña con amores que liberen. Todas se vigilan. La noche es mudo testigo, con su cielo y mil estrellas.
No valen candados y gritos, roto el poder absoluto, la amargura de una madre, se quiebra todo el misterio y hasta el luto se desdeña. Bernarda Alba se siente tan perdida como retada en el ocaso de sus días tristes. Por una pasión irredenta, los amoríos sin nombre de sus 5 hijas rebeldes, se deshace como polvo el poder de su reino. Adulterio, miedo y muerte. Encierro. Pena infinita.

La repercusión del teatro de Lorca en la escena mundial

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Nadie como el gran poeta Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, Granada, 5 de junio de 1898-camino de Víznar a Alfacar, Granada, 18 de agosto de 1936), para darnos en este drama pasional el desencanto de una época maldita, un tiempo de represión inmensa, de dominio absoluto sobre las voluntades del ser humano.
Uno de los más profundos conocedores de la naturaleza femenina en una España castrada por el fascismo, descuella en su dramaturgia con esta obra de genialidad probada, clamor por la libertad sin frenos: “La casa de Bernarda Alba” (1936), que no se vendría a publicar y estrenar hasta 1945 gracias a la actriz catalana (exiliada en Uruguay) Margarita Xirgu Subirá, una de las principales intérpretes del teatro lorquiano, gran amiga del escritor.
Desde la aparición de su primera pieza “El maleficio de la mariposa” (1921), transitando por “Mariana Pineda” (1927), “La zapatera prodigiosa” (1930), “Retablillo de Don Cristóbal” (1930), “El público” (1930), “Así que pasen cinco años” (1931), “Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín” (1933), la célebre y muy representada “Bodas de sangre” (1933), “Yerma! (1934), “Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores” (1935) o la inconclusa “Comedia sin título” (1936), el teatro del gran Federico ha tenido una amplia repercusión en la escena mundial hasta el punto de que se le considera uno de los más representativos dramaturgos del siglo XX.

Las obras de Lorca como reflejo de una sociedad asfixiante

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Junto a “Yerma” o “Bodas de sangre”, “La casa de Bernarda Alba” es uno de los dramas de mayor intensidad que nos legara el gran poeta que tanto amó a Cuba. Releer o ver cualquier puesta o adaptación de sus obras, que han servido por demás para motivar no solo filmes, sino ballets, pinturas, etc. representa el mejor modo de entrar en contacto con un pensamiento humanista que —como hiciera siglos antes en la Inglaterra Isabelina el gran Will (Shakespeare)—, cala hondamente en las fisuras de una sociedad imperfecta que niega las libertades individuales y pretende someter a la mujer a un papel secundario.
“Estoy encendío como una rosa de cien hojas, pero la realidad me encierra en su casa fea de espartos. (…) Tengo mala sombra. Y me hace falta salir, ¿lo oyes? Yo me ahogo. Este ambiente provinciano terrible y vacío llena mi corazón de telarañas”.
FEDERICO GARCÍA LORCA

Lorca padeció las penas y furias femeninas como pocos, desde su profundo conocimiento de las costumbres y raíces españolas, su pasión arrolladora por lo autóctono y nacional, su estrecha relación con la vanguardia del pensamiento de su época (no solo autores, sino pintores, dramaturgos, cineastas, políticos, periodistas). Por eso, con toda la sutileza posible, en sus comedias y dramas cala en las verdades tan ocultas de una sociedad asfixiante por su religiosidad, patriarcado machista y prohibiciones moralistas.

Un drama provocador y revolucionario para la posteridad

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Amante del amor más libre y auténtico, en la escena Lorca dota a sus heroínas del caudal de pasión arrolladora que siempre lo caracterizó y que destila en cada verso suyo, parlamento teatral o hasta en los dibujos que su ingenio de artista integral legó a la posteridad.
Releer cualquier obra suya es un reto al intelecto, pero a la vez significa un tour de force para cualquier lector, pues Lorca siempre nos pone en entredicho esas verdades aceptadas socialmente, incluso en nuestra época actual, que inútilmente tratan de frenar nuestros sentimientos más genuinos o libertades como entes sociales.
Por eso, aun vista desde el futuro, “La casa de Bernarda Alba” descuella como drama provocador y revolucionario; deja huella profunda en cada espectador, es valiosa opción para las editoriales que pretendan formar el pensamiento de humanos comprometidos, exigentes, valerosos y capaces de desentrañar el enigma de fuerzas como el amor, que por fortuna, desde siempre, movieron y moverán al mundo.

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