Fórmula para escribir poesía

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Por Aldo Sánchez

Cada escritor tiene
su propia fórmula para escribir poesía; porque como todo lo abstracto, lo
hermoso y lo artístico, surge espontáneamente y siempre trasciende de los
límites que nos imponemos. El poeta, que es también considerado un artista de
las letras, crea sin mesura; vive y experimenta con su obra; se sensibiliza; se
enamora; se regocija con cada palabra que escribe. A aquellos que comienzan a
adentrarse en el mundo lírico y apasionante de la poesía, esta receta los
ayudará a comprender mejor la delicada tarea a la que se enfrentan y les
mostrará la manera espontánea y feroz en que nacen las ideas.


I

Escribe el poema, ¡guárdalo!

Con cuidado

ponlo en una gaveta

entre los secretos

que aún no han sido

liberados por el
aire.

Espera a que tus
rizos crezcan,

a que el árbol dé

sus flores y sus
frutos,

y que estos sean
llevados

en hombros al
mercado.

Si te apetece,
consume algunos,

camina entre la gente
y

ayuda a los
hacendosos,

quizás, encuentres
algunas palabras escondidas

mucho más excitantes
para el corazón.

De pronto, un día
cualquiera, ve

al inefable sitio

y del mismo modo que
lo entraste,

sácalo.

Después, en voz baja,
léelo:

los escombros
sobrantes

saltarán a tus oídos
y tus ojos.

Táchalos, rómpelos,

bótalos sin
piedad.

Verás cómo las viejas
palabras usadas por ti

renacen ordenadas y
nuevas como un templo.

Y ya está:

el poema es un oasis
rodeado

de muchas fuentes…

 

II

Hay poemas que tienen

techo de palacio

y presienten el abismo

bajo sus pies.

Otros que tienen
heridas lujosas

y sangran la savia

interminable de una
luz.

Lenguajes que tienen
catástrofe

y a la vez son
celestes como los ángeles

que incendian todo en
donde caen.

Poemas acuáticos que
nadan en la boca

y desbordan las calles
al salir

como esos aguaceros

inesperados y
fatídicos

que en tropel

se precipitan sobre
el alma

una y otra vez.

Poemas con polos
opuestos que repelen

a la vida con su
canto

triste y silencioso,

pero puramente
consabidos

como las cítaras que

danzan en el
espíritu.

Poemas que no son más

que la música

inacabada de un
lenguaje

donde el amor se yergue

como un templo.

Ideas donde la tierra
va a parir un árbol

y las palabras corren

despavoridas por la
frente.

Poemas como hormigas

que en la migaja
desolada

escuchan el paso de
una tempestad.

Y poemas donde la
esperanza y el perdón

están cosidos a todas
las ventanas

abiertas del planeta.


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