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Seis errores básicos de puntuación que debes evitar

ortografía

Jose O´Farril, mi amiguito del aula:

¿Conoces la anécdota del rey que escribió: “Perdonadlo no, matadlo”? A mí me la contó la maestra Luisa, porque ella quería prepararme para el concurso de Español y, según ella, yo debía saber correctamente el uso de los signos de puntuación. Quizás tú necesites unas clasecitas de esas; aunque creo que a ti jamás te elegirían para este tipo de concurso.

Aquella vez la maestra nos habló de un rey que podía perdonarle la vida a un condenado si escribía: “Perdonadlo, no matadlo”. Él no era un mal rey, yo creo que hasta conocía el uso de las leyes, la medicina y la astronomía; pero ignoraba algo tan importante como el uso de la coma. Fue por eso que, intentando salvar al hombre, logró el efecto contrario y le condenó a muerte cuando puso fuera de lugar el preciado signo de puntuación.

Tu manera de colocar los signos de puntuación

Si te cuento esto es para que sepas que valoro mucho la carta que me has dado. Tu arrojo —esta fue la palabra del mes en el repaso y significa valentía— ha emocionado a mis amiguitas. Ellas coinciden conmigo en que no es tu fuerte el Español y en que fue un lindo gesto de tu parte el decir que soy bonita, aunque no necesitabas escribirlo entre paréntesis (quién sabe si lo hiciste de esa forma para no ponerte colorado).

Yo te ayudaré, por ser sincero al contarme tus sentimientos, a mejorar en Español. Así evitamos que un día seas tú quien me mates de un susto por tu pésima manera de colocar los signos de puntuación.

No cambies lo que pretendes decir: la puntuación

Lo primero debe ser revisar que un signo no cambie lo que pretendes decirme; o sea, el contenido. No es lo mismo escribir: “Helenita, fea es la vida sin ti…” —como sé que quisiste decir—, que colocar la coma fuera de lugar y ocasionar un desastre cuando dices: “Helenita fea, es la vida sin ti…”, porque no conoces que hay algo que se llama vocativo y detrás de él va coma.

Si te gusta declarar tus sentimientos mediante la palabra escrita, quizás, en un futuro, además de una carta tan bella y mal puntuada como la que has enviado, se te ocurra escribirme algún discurso; digamos, por ejemplo, para proponerme matrimonio. No olvides que debes colocar dos puntos después del encabezamiento. En el lenguaje escrito yo sería: “Querida Helenita: Creo…” y no “Querida Helenita creo…”; a pesar de que, en ocasiones, yo misma dudo de mi nombre cuando la gente me llama Mimi o Mija.

Los puntos suspensivos para expresar amor

A propósito del uso de los puntos suspensivos que he hecho en el párrafo anterior, debo confesarte el dolor de cabeza que me da cuando usas tantas veces la palabra etcétera. ¡Con lo lindo que son en el amor los puntos suspensivos!

Lee y observa con detenimiento:

“Eres tan bella, alta y sabia, que yo siento por ti…”, escribirías para cortar la frase porque te da pena.

“Quiero que sepas que cuando te veo, yo…”, porque te pones nervioso de tan novio mío que deseas ser.

“Eres… muy linda”. Y me sorprendes con tus palabras hermosas.

Yo no digo que etcétera sea una palabra extraña. El rarísimo eres tú cuando te quedas sin ideas para enamorarme y repites y repites y repites y repites hasta el aburrimiento.

¡Qué ofensa! Los signos de interrogación y de exclamación

Pero, ¿por qué me ofendes? ¿Qué falta de respeto es esa! ¿Crees que al escribir que mis piernas sí son lindas te perdonaré esta chapucería? ¡¿Estás seguro?! ¿Tu mamá no te ha comprado nunca los zapatos un número mayor porque dice que creces demasiado rápido? Si se me olvida es porque creo que no supiste usar correctamente los signos de interrogación  y de  exclamación cuando escribiste para preguntar: “¡Tú tienes los pies grandes!”, y luego juraste dieciocho veces: “¿Yo te amo?”. ¡¡¡Cuidado con echar a perder el contenido!!!

¿Yo tengo los pies grandes? ¡No! Además, tener los pies grandes no es un problema, porque sirven para correr en los Juegos Escolares.

¿Tú preguntas si me amas? Si no lo sabes, ¿cómo esperas que lo sepa yo?

El uso que no le das al punto y coma

El uso que no le has dado al punto y coma —brilla por su ausencia— sí lo puedo perdonar; pero igual te explico para que no falles en las otras cartas que me piensas escribir. Cuando la oración se vuelve larga para llegar a las palabras “pero”, “mas”, “aunque”, “sin embargo”… debes colocar el punto y coma. Debiste escribir: “Juan Carlitos siempre sale bien en las pruebas de la maestra; pero a mí me cae mal”. Yo también conozco a ese niño alto, lindo, inteligente y de ojos azules; sin embargo, tú eres mejor.

Tú sí que eres precioso. ¡Si a la salida de la escuela siempre estás buscando la manera de acompañarme hasta la casa! Por eso mi mamá te guarda esos refrescos ricos de naranja-piña que tanto te gustan.

Un único y justificado error de puntuación

Es cierto que no sabes puntuar bien, pero ¡escribes tan bonito!

Ya se acerca el momento de la despedida y pido que tu domingo sea tan lindo como el mío. Así, rodeada de todos los corazones que he pintado sobre tu mensaje, coloco ilusionada puntos suspensivos donde realmente debe ir punto final. Espero que tú sepas perdonarme ese único, y justificado, error de puntuación…

Tu casi novia,

Helenita

Por Rebeca Murga

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